25 de agosto de 2010

Feos en apuros


Hay gente que dice que tener canas es un rasgo distinguido o que ser calvo o tener la nariz puntiaguda puede llegar a ser sexy. Yo creo que eso sólo se dice cuando tu interlocutor, que además es tu jefe,  tiene canas, le brilla la calva o tiene una nariz pronunciada, pero puedo llegar a entender que se pueda ser atractivo pese a estos defectos. Eso sí, ser feo es una putada, no jodamos.  

Mucha gente es poco atractiva por su sobrepeso, algunos son gruesos por vocación y otros lo son por nula capacidad de esfuerzo. Los primeros, conscientes de los pros y los contras, cambian el poder ir en agosto en bañador y el tener relaciones sexuales con turistas eslovacas por chuletones, chocolate y maravillosa comida basura. Muy respetable. Los segundos se limitan a decir que son de constitución gruesa porque su abuela pesaba 150 kilos con nueve años y su hermano, además de mongolo, tiene cara de empanada. En Mauthausen y en los gulags soviéticos, que se haya probado,  no se encontró jamás a ninguna persona con tendencia a engordar. Pero no me quiero referir a esta gente, ellos pueden ponerse a dieta y alimentarse de zanahorias durante un par de meses. Me refiero a esa gente que no puede ponerle remedio a sus orejas de veinte centímetros o a su cara de monazo.

Ser poco agraciado no era un verdadero problema hasta la segunda mitad del siglo XX. En una sociedad rural y pobre, las ventajas de la gente guapa se reducían a poder ser actor de revista. En las aldeas se lograba solventar, de formas muy distintas, el ser un tipo repugnante. Podías tener la suerte de que hubieran doce chicas para cuatro chicos, con lo que obligabas a las ocho restantes ha decidirse por ti o por dar clases de catequesis a los chavales, a sus tirachinas y a sus pantalones cortos. O peor, ir a las asépticas excursiones de la parroquia hasta el fin de sus días. También podía haber una chica lesbiana que consciente de las injusticias con las que, por aquel entonces, se debían topar los homosexuales, decidiera buscarse un marido y le diera igual que este fuera guapo o feo, mientras no roncara. Otra opción, mi favorita, era que tus padres concertaran un matrimonio de conveniencia. Bendita solución.

Siendo varón ser feo tampoco te obligaba a tener que ser una persona recta y firme en valores y podías decidir no casarte. Siempre estaría esa figura, casi desaparecida, que era la bizca de pueblo, esa chica que nunca tendría problemas en pasar una noche épica apartando en el establo a los gorrinos y a las ovejas. La España rural, el paraíso de los poco agraciados.

Que los pueblos eran el Olimpo de los feos, es evidente, pero la gente adinerada, noble o con estudios, también disponía de recursos ilimitados. En España reinó durante dos siglos la dinastía más desagradable a la vista de la historia, principalmente Felipe IV y Carlos II, y nadie se reía de ellos. Ahora gobiernan los Borbones, que son todos guapos y altos, y no consiguen ser respetados. O que decir de la duquesa de Alba, que es dueña de medio Al-Andalus  y, sin embargo, se le ha llegado a diseñar un guiñol y todo el país sabe imitar su desagradable timbre de voz. No hacía falta tampoco ser descendiente de victoriosos generales de las campañas de Flandes para ser respetado y tener a una mujer maravillosa. Bastaba con tener dinero. Eras un adinerado comerciante de Valladolid le rondabas un par de semanas a una joven o directamente, si no tenias escrúpulos, le ibas a su padre con el dinero por delante y familia numerosa.

A esta gente estoy convencido de que se le terminó su edén por culpa del puto cine moderno. Los papeles de pobres sensibles y guapos como el de Jack Dawson en Titanic les jodieron su existencia.  Nunca saldrá Danny DeVito de protagonista de una película de amor. Y eso que besa muy bien.

En los pueblos muy pequeños, sin embargo, aunque no son ya frecuentes los matrimonios de conveniencia, si que sigue dándose el caso de que haya cuatro tipos para catorce hembras. Jóvenes que soñáis con vivir en la City de Londres, en Manhattan, en Montparnasse, renunciar a esa vida que te obliga a hacer esa cosa tan  humillante y cansada que es ligar en discotecas y marchad al interior de provincias como Albacete, Teruel o Cuenca. 




15 de julio de 2010

mentiras y gordas

Hace ocho años que llegué a la gran ciudad en un puto tren caprichoso que mantuvo un ritmo pausado por la alargada llanura manchega. Una especie de nubes negras me avisaron de que pronto llegaría a la gran ciudad, aunque recuerdo que fue una señorita orgullosa de su graduado la que me lo confirmó. Veinte minutos de fábricas de finales del XIX y pintadas de niños pijos que esconden en una coraza recubierta de pantalones largos, baloncesto y skate el fracaso escolar y la puta resignación y por fin conseguí salir de aquel maldito tren después de tropezar con las escaleras y poner esa cara de gilipollas, que en ocasiones se me hace imposible evitar. Ya fuera de la estación: casas del amor, gorrillas luchando por su zona como un aguerrido pívot universitario y justo enfrente la primera amenaza, el metro.

Dagas sobre mi cerebro al toparme con ese liliputiense mapa con quince colorines y mil paradas. Se me ocurrió preguntar. Todos se giraron con desprecio como si no respetara sus códigos, supongo que me había delatado, era el chico de provincias. No soy unicejo ni tengo demasiados pelos en las orejas, pero notaba que me habían descubierto y deseaban que encontrara afecto en un garrote vil del cuarenta y ocho. Retrasados que no sólo les servia con serlo sino que encima tenían carnet, chonis familiarizadas con los abortos caseros y viudas con uñas afiladas, me señalaban como si hubiese invadido el jardín de un tipo de otra casta en Nueva Delhi. Decidí coger un taxi que me dejó en la plaza del ayuntamiento: edificios altos, un Corte Inglés con decoración navideña en Junio y muchas hamburgueserías. Huesca es más que Castellón, León más que Palencia o Girona más que Lugo por el número de multinacionales de hamburguesa, queso y pepinillo y por la cantidad de centros comerciales con 2x1 o 3x2. .

Fui a casa de un amigo de mi ciudad, se llamaba Roberto, aunque aquí se hacía llamar Robert. Me parece que es un nombre bastante humillante, pero él dice que es muy moderno. A su familia le contaba que dirigía una empresa de comunicación pero realmente robaba y extorsionaba. Primero me pidió que le mantuviera el secreto, pero con el tiempo me intentó animar para que colaborase. Recuerdo avergonzado que saque a esa puta fea llamada moral a la que no para ningún coche y me negué con aires de superioridad. Con el tiempo y tras dedicarme a payaso, striper obeso y demás oficios empeñados en pegarle puñetazos a mi frágil autoestima, decidí volver a contactar con Robert.

Siéndoles sincero siempre quise conocer boxeadores búlgaros, estrechar la mano del diablo, ser amante de marquesas refinadas y escuchar el aliento del peligro, así que me adapte rápido convirtiéndome en un distinguido navajero, eso sí,  navajero pero de buen corazón. Robert después de crear un imperio de muerte y extorsión se fue a Atlantic City ha gastarse su fortuna como un pensionista con artrosis, con lo que la cúpula de la banda se quedó en manos de su hermano Gregor y por tanto huérfana de criterio. En un acto de valor de los que no acostumbro a llevar a cabo, eliminé al peón que ponía zanjas en mi camino y emulando a Michael Corleone me hice cargo del control de la banda negándome a mirar atrás.

Llegué a creerme tanto esos rollos a lo Little Italy, con sus coches negros, los gangster mascando chicle y la familia, que decidí salvarle el culo a un primo algo tarado que tengo con el que sólo hablo por teléfono por lo desagradable de su aliento y que tengo entendido que es director de cine, concretamente su escena cumbre me comentaron que es una en que un cobrador del frac le abre el cerebro a un rapero de Badajoz con un tenedor de postre. Así, que después de saber la noticia de que la ministra Sinde tiene pensado prohibir las descargas ilegales y no puede llevar a cabo la medida por el nulo apoyo del resto de fuerzas políticas y del grueso de la sociedad, decidí dar golpe de remo incontestable.

Utilicé una arma afilada que había aprendido de esa delicada y dulce mujer llamada María Antonia Iglesias, que consistía en relacionar aquello que no me gusta con el fascismo. A primera hora mi banda secuestro a Pío Moa, Federico Jiménez Losantos y la cúpula de España 2000, les repartió cuatro sándwiches de Nutella para que engordasen un par de kilos y grabó un spot en el que con cara sonriente Pío Moa decía algo así como: "se un español de verdad descárgate todo gratis", Jiménez Losantos después de exhibir sus bíceps añadía: "dejemos que los artistas se mueran de hambre" y los de España 2000, que no tuvieron suficiente con siete horas para aprenderse sus dos frases, terminaron saliendo con un póster de Mussolini vestido de banderillero.

Su emisión revolucionó al país. Fran Perea lloraba reprochándose cómo había podido ser tan monstruo como para bajarse la película de Princesa por sorpresa en el Emule, La Sexta emitió una de sus películas de acción en la medianoche donde Van Damme eliminaba su estrés dejándole fina la cara a un tipo que se había descargado un bolero y Jon Sistiaga hizo un reportaje que llevaba por título: "El Emule, el último secreto de Adolf Hitler". Sinde pudo sacar a flote su proyecto, los músicos, cineastas y demás volvieron a ser felices, España salió de la crisis después de que todos las asociaciones de buen rollo y personas políticamente correctas del mundo pagaran por ver cine español y el vieja gloria de la tienda de discos de mi barrio y su melena cubierta de entradas pudieron pagar las facturas de luz y agua.

La felicidad no se repartió por partes iguales, mi primo sigue vendiendo el mismo número de films y la vomitiva de Isabel Coixet con sus gafas escudo de sus pocas luces y esos trajes modernos recubiertos de mierdas de plástico, se encuentra recluida en Villar del Pozo(Ciudad Real) vigilada por dos tipos de mi banda que le obligaban a ser creativa con palabras y expresiones como: zagal, atontao, pos eso o gorrión y frases como los cabrones de los franceses nos vuelcan los camiones, contra más jóvenes, más peor, no puedo dejar de arrascarme o es que con esto de la inflomática no me apaño bien. Yo tampoco he acabado mucho mejor, estoy liado con Sinde.

18 de marzo de 2010

médicos y astronautas


De niño fantaseaba con echarme el equipo a la espalda, adelantarme a Baresi en el área y marcar de cabeza un gol que valiese una Copa del Mundo. Declinaron mi propuesta el Inter de Milán y el Bayer de Beckenbauer por mi tendencia a engordar y el ataque sin cuartel contra mis piernas planeado por un despreciable bulldog.

Pasado un tiempo deambuló por mi castigada mente, la idea de ser uno de esos mitos de la música que llenan estadios de fútbol americano y sus incondicionales le siguen desde todos los rincones del globo con banderas: noruegas, uruguayas, croatas y de la vieja Sajonia. Esta posibilidad también se truncó, cuando vi llegar al cabezón de mi vecino con una guitarra eléctrica para el inútil de su hijo, siempre he odiado a ese chaval y al ver su cara de satisfacción subido en el escenario de un puto pub lleno de barro, Nestea en botellas de Jack Daniels y putas gritando su nombre, me dio tanta rabia que no pude imaginarme compartiendo profesión con semejante gilipollas.

Soy extremista en todo lo que hago y eso me limita. La primavera pasada sin ir más lejos disparé mi Magnum contra un vendedor de castañas que me había dado mal el cambio, veinticuatro creo que fueron las puñaladas que le clave en el abdomen y unas treinta y nueve las veces que una vez rendido en el suelo, me reí de su ridículo atuendo. Todo esto justo veinte minutos antes de: alimentar a mi gato, ordenar mi colección de cromos de Star Trek y enviar miles de dólares para los niños de Guatemala. No tengo término medio en mi día a día, pero mi cara es tan vulgar como la bota de vino y la tortilla de pasas.
Me hubiese gustado ser jodidamente feo como Gabino Diego, al que todo el mundo cae simpático por la lástima que provoca su cara, o ser un Brad Pitt al que odia todo buen gárrulo, por ser el póster favorito de la uniceja de su novia y al que los críticos desprecian siendo un actor cojonudo, simplemente por ser más alto y más rubio que ellos.

Cuando me empezó a salir aquel horrible mostacho acompañado por esos granos tan poco eróticos y esa voz de jugador irlandés de rugby que tanto me acomplejaba, cambié mi planteamiento inicial, pero continuaba interesándome por el cine. Pensé en ser director, todo hacia indicar que iba por buen camino para convertirme en un gordo adorable con barba y miopía, tres requisitos básicos para ser director de cine español. Así que mis films con sexo entre hermanos, violencia injustificada y humor de feriante podrían tener buena acogida. Finalmente me eché atrás porque esa senda probablemente me llevaría a toparme con Jesús Bonilla, por el cual como saben, solo siento un sincero desprecio.

Incitado por mi amigo Julián que siempre me decía que tenía mucha imaginación creando de la nada excusas con las que librarme de los abdominales y las pruebas absurdas de velocidad con las que convivíamos en las clases de gimnasia del señor López, sargento de la guardia civil y completo hijo de puta en su tiempo libre, pensé en convertirme en escritor. Lo cierto es que me atraía mucho este mundo: tertulias en cafés literarios en los que se termina hablando de falos, Brooklyn, amigos esquizofrénicos, vivir dentro de un lúgubre apartamento agazapado en una ciudad con millones de orientales, whisky escocés, mujeres, columnas semanales en el Financials Times, más whisky y una ajetreada vida nocturna.

Todo parecía fantástico, pero no soporté la idea de salir en la fotografía de mis libros intentando no parecer humano: manos en la barbilla, gafas sin graduación, mirada al infinito, ojos achinados para parecer inteligente y fondo que invita a la meditación. Como me divertiría ver la cara de García Márquez masturbándose con fotografías de Sophia Loren o la de Edgar Allan Poe comiendo magdalenas de limón mientras disfruta con una película de serie B.

La verdad es que nunca he tenido mucha personalidad, tampoco las ideas muy claras como pueden ver. Mi profesora de matemáticas del instituto decía que nunca llegaría a nada, tal vez estuviera en lo cierto, pero por el momento su hijo pesa cuarenta y cinco kilos, tiene un ojo de cristal y lo mas cerca que ha estado de un Aston Martin es para limpiarlo con un estropajo usado en los semáforos donde trabaja para una mafia polaca.

23 de diciembre de 2009

veneno y ensaladilla rusa



El pueblo judío fue despojado de sus tierras y esclavizado en Babilonia. Los romanos convivieron con la sangre durante siglos para terminar humillados por tribus germánicas. Los Reyes Católicos desterraron a los musulmanes. Los pelirrojos murieron calcinados.

Se obligó a trabajar en Telefónica siguiendo ordenes de Stalin a todos aquellos tipos pesados, brasas o coñazo. Estos fueron llevados en grandes barcos hacia una isla del Pacífico cerca de Las Carolinas y obligados a realizar un importante número de llamadas diarias para sobrevivir. Bajaron del buque tan aturdidos como conscientes de que les iba ha tocar cumplir una condena peor que el temible frío de Siberia. Reconocían que se lo habían ganado a pulso: sus historias infumables y sus tan apropiadas llamadas a las cuatro de la mañana para compartir la noticia de que intentando cortarse las uñas,habían terminado por quedarse mutilados, acabaron con la paciencia de su entorno que no dudó en denunciarlos a la KGB.

Les describo la isla: una superficie similar a la de cinco canchas de baloncesto, un árbol entre amarillo y naranja, un buen número de corderos con diarrea crónica, cuatro aristócratas rusos con nombres impronunciables, el hijo deficiente y bastardo del Zar y una montaña de libros censurados. La vida en la isla no era apropiada para pastilleros y viejunos con ánimo de verbena, por lo que a aquellos hombres y mujeres no les quedó otro remedio, que quitar el polvo a esos libros y abordarlos como si de corsarios se tratase. Con el tiempo alcanzaron una cultura más que considerable y por ello todos los telefonistas tienen acento argentino.

Actualmente ya no trabajan por la mano dura ejercida sobre ellos durante décadas, simplemente han adoptado el tocar los cojones como su deporte nacional proclamándose campeón aquel sujeto que consiga que su interlocutor no cuelgue hasta pasada media hora. El hecho de que en la isla no hubiesen vacas que ordeñar produjo que por falta de calcio sus habitantes a partir de la segunda generación midieran un metro veinte aproximadamente, una estatura apropiada para marcar nueve números con las fosas nasales.

Del secreto mejor guardado de la historia y que sin ningún tipo de remordimiento les estoy desvelando, solo eran conocedores un reducido número de dirigentes de la URSS fallecidos antes del estelar paso por los escenarios de Chayanne. El último hombre que sabía el paradero de los coñazo de la Unión Soviética era el traidor de Boris Yeltsin. El bueno de Yeltsin olvidadizo en su vida laboral siempre acompañada por dos cajas de vodka producidas en una fábrica del monte Elbrus borró de su memoria y de la del resto de la humanidad el último y más ambicioso experimento sociológico de Joseph Stalin.

El joven grumete Manolo Escobar Stevenson guarda el mapa de la isla. Mañana en mi reunión semanal con Barack Obama, Gordon Brown y el ejemplo para la juventud Silvio Berlusconi obligaré a mis colegas internacionales a contactar con el creador de obras maestras como: Mujeres y vino, Minifaldas o Baila gitana baila. Mi objetivo está claro, detener a esos tipos sin corazón que nos tienen tres horas y veinte minutos al teléfono con la inquietante intención de vendernos un Nokia sin teclas, llamadas tan gratis como pagar doscientos euros mensuales y un bonito color verde si pides rojo o rojo si escoges verde.

4 de diciembre de 2009

camboya

Me llamo Hortensio y soy un puto envidioso desde que mi progenitora decidió optar por este nombre que desde niño me golpea la autoestima sin piedad. Soy consciente de que merezco que la gente orine sobre mi cadáver, ya que dedico buena parte de mi tiempo a criticar a los demás con la intención de que no progresen, cuando verdaderamente aquello que creo detestar es lo que algún día sueño con ser. No se anticipen y piensen que he llegado a esta conclusión de forma sencilla, se me apareció la lucidez en una taberna con el mejor steak del mundo delante y con el sobrino tartamudo de Mussolini contraatacando de forma impulsiva el sarro de sus dientes.

Creerán que soy un trastornado, pero desde mis primeras papillas me opuesto a todo tipo de totalitarismo y me mantengo firme en la condena de todos aquellos que impusieron su voluntad sobre la de sus iguales, pero entiendan que no vea en ser empleado del Santander o agente de seguros una vida muy trepidante, y me interese por otros oficios más gratos como emperador romano o convertirme en el dictador más hijo de puta de todos los tiempos.

En este escenario absurdo los cambios se notarán desde el primer día. En primer lugar, crearé una lista interminable de aquellas personas que deben ser torturadas y obsequio para mi gran amigo Kim Sung, presidente de Corea del Norte, que tendrá comida para sus Fox Terriers durante una larga temporada. La lista es la siguiente: Isabel Pantoja por tener unas pobladas patillas tan eróticas como un eructo, Enrique Bunbury por farsante, Lina Morgan por amenazas contra el humor, Pablo Motos por forrarse a costa del trabajo de los internos de un manicomio, Peñafiel por tricotar en su tiempo libre, Bertín Osborne por provocar desmayos en menopáusicas nacidas en julio del 32, los franceses por tener la culpa de todo, Bebe por creerse que aprobó cuarto de EGB y Juan y Medio por ser un crápula y dárselas de simpático y buenazo. Mención aparte para el mayor opositor al régimen Antonio Resines, que será condenado a mantener relaciones sexuales con María Teresa Fernández de la Vega durante más de veinte años y obligado a comer brócoli durante todo este tiempo.

Una vez creada la lista negra seleccionaré con sumo cuidado aquellas personas que no exentas de talento tengan la capacidad de rendirme pleitesía, no traicionarme en los malos momentos y verme como un autentico líder. Yo personalmente me ocuparé de la mayor parte de los ministerios reduciendolos progresivamente hasta quedarme con seis: vicepresidente Tony Soprano, ministro de Ciencia e Innovación José María Gutiérrez “Guti”, ministro de defensa Don Alan Shearer y ministro del interior Carlos Boyero. Los dos ministerios que consideraré fundamentales serán el de educación del que se encargará Paz Padilla y el de cultura que lo dirigirá Sarah Jessica Parker, tengo plena confianza en que estas dos intelectuales sean capaces de crear una sociedad plana y sin ideas propias a la que poder manipular. Miguelito Moratinos será el único ministro que mantendrá su cargo en el gobierno, ya que careciendo de talento conocido, cumple a raja tabla los tres primeros preceptos para gozar de mi confianza.

Castellón la tierra que me vio nacer, recibirá el nombre Hortensiogrado y se convertirá en el centro económico social del planeta. Construiré un enorme palacio a orillas del río Mijares. La policía local uniformada de forma humillante con ropa de samurái se ocupará personalmente de mi seguridad. Todos aquellos que durante mis años en el colegio sacaban sobresalientes tendrán funciones tan degradantes como: encargado del noble arte de tirar de la cadena, limpiarle los dientes a mi caballo con la lengua o enseñar a mi loro a decir “Hortensio puto amo". Por otro lado, seré capitán de la Selección Española y el Athletic y el Castellón serán los dos únicos clubs que podrán optar al campeonato de liga.

Los mendigos que dejen de consumir vino Don Simon y entren dentro de la secta Hacendado serán desterrados. Los tipos con esos perros feos y ridículamente pequeños conocidos con el nombre de perros salchicha serán fusilados y los que sean acusados de haberles puesto lazos o vestiditos deberán compartir previamente celda con el insoportable tono de voz de Esperanza Aguirre. Siempre que los bebes se encuentren fuera de sus casas deberán ir con las manos bien atadas, para que les sea imposible tocar el hombro de las personas adultas y respetables obligando a estos por un puto convenio social a fingir una sonrisa, poner cara de cretino y preguntarle cuántos años tiene a un bebote que no sabe hablar. Por último, serán recompensados con tesoros aquellos que denuncien a sus vecinos por comprar soja o cerveza sin alcohol.

Con todo, por ahora sigo llamándome Hortensio, poniéndome bizco cuando me gusta una chica, temblándome la voz cuando hablo con el quiosquero que pasó tres horas en Carabanchel y leyendo el horóscopo todas las noches deseando que la suerte se apiade de mí y me conceda unas vacaciones en Torrevieja.

6 de noviembre de 2009

Comandantes de la tontuna


A ninguna persona sensata le gustaría tener un hijo loco. ¿Qué vergüenza no cree señora, Amparito? usted sabe mejor que yo que sus vecinas le restregarían que mientras sus niños saben diferenciar sujeto de predicado y vencen a la escurridiza tabla del nueve, el suyo se dedica a gritar en funerales como un maldito despertador que suena cuando le place y mantiene conversaciones superficiales con servilletas de papel y latas de cerveza.

Amamos a los locos y no lo sabemos, crease lo que le digo señora Amparito y quedese tranquila. Decoramos paredes y carruajes con sus ojos desencajados y nos sentimos el tipo aventajado que nunca fuimos al recitar una frase que pronunció uno de estos en su minuto diario de lucidez. Son muchos los artistas conocedores de las repercusiones positivas que puede tener sobre su carrera el realizar una contada serie de extravagancias y escándalos mostrándose propensos a llevarlas a cabo por simple supervivencia. Nadie duda de las capacidades artísticas de Beethoven y Van Gogh, cualquiera de nosotros pondría el corazón de nuestros hijos en el fuego afirmando que la vida de estos no fue estéril. Pues bien, creanme que cuento con dos manos la gente que conoce dos obras de Beethoven o tres de Van Gogh.

Sin embargo, el carácter difícil de controlar del alemán y sus problemas auditivos son vox populi, del mismo modo, que hasta Ana Rosa Quintana sabe que Van Gogh no tenía oreja izquierda y terminó su vida en un puto manicomio conviviendo con un trastorno bipolar. Per...¿quién sabe donde empiezan y donde acaban los márgenes del postimpresionismo? o ¿que cojones es eso del clasicismo vienés? prácticamente nadie sabría dar con la respuesta.

Nuestro conformismo enfermizo entiende que aquella persona que sale en libros traducidos a más de cien idiomas, sirve como inspiración a un par de películas mediocres y es bien visto por personas que consideramos intelectualmente superiores a nosotros alcanza por méritos propios un escalafón superior a los Dioses griegos. Incluso si mostramos personalidad no cayendo en el síndrome de Estocolmo y por tanto siendo conscientes de que sus obras no nos aportan nada, no vamos a quedar de catetos soltando topicazos como que un Miró es capaz de pintarlo nuestra sobrina la manca en un cuarto de hora de reloj.

¿Quién tiene realmente el suficiente criterio como para juzgar si Lois Amstrong tocaba bien la trompeta o si los cuadros de Dalí eran la decimonovena maravilla del mundo o por el contrario varias secuencias de una comedia francesa? entiendo que sólo dos tipos en Nueva Orleáns, uno en San Petersburgo y otro en Nueva Delhi. Por cierto, me consta, según mis más que mediocres fuentes y aún más deplorables teorías, que Dalí estaba mas cuerdo de lo que intentaba representar con ese bigote imposible y esos problemas sexuales planeados con prudencia locuaz por Gala. De todos modos, no niego lo evidente, algún tipo de trastorno debía tener el cabrón.

"Menudo mérito no teniendo un control sobre si mismo es capaz de producir arte en abundancia". "Una vida tan interesante como la suya le debió proporcionar una visión diferente de la realidad". Estas dos frases llevan un veneno de pitón que conlleva que si no nos gusta su obra es porque no la terminamos de entender por culpa de nuestra rutinaria existencia compuesta por: dos tazas de café diarias, treinta y siete horas de trabajo semanales y una situación emocional estable. Joder, son muy listos.

5 de noviembre de 2009

dolor

Mi padre tenía una empresa de despertadores que permitió a mi familia vivir con grandes comodidades durante mi infancia: viajes a Biarritz, desayuno continental, cagar en la vajilla de plata para hacernos los finos y tener de ama de llaves a la infanta. Escuché en la radio el otro día que nos reprochaba el hecho de que mi abuelo le tocara el culo, muy pronto se olvida de los viajes que le pagábamos a Montanejos por todo lo alto y de las dos veces por trimestre que le dejábamos comer con cuchillo y tenedor.

Lo cierto es que aquella etapa de esplendor pasó y mi padre cerró la empresa que su tatarabuelo abrió cuando Napoleón visitó Castellón buscando una explanada para jugar con su colega Murat al Pin-pong. La causa del adiós al mundo burgués de mi niñez fueron los móviles con alarma para los que los elaborados despertadores no fueron ninguna competencia. Yo educado en el a,e,i,o,u de John Wayne que consiste en que si destruye tu poblado una banda de 200 muchachos debes inmediatamente salir del salón oliendo a hombre, subir a un viejo caballo que está hasta la polla de ti y con los huevos como bandera terminar con ellos repartiendo leches como panes, no pude hacer otra cosa que contraatacar con la tecnología que había condenado a vivir con estrecheces a los míos. Así fue como comencé a vender cientos de despertadores por internet y mi situación económica mejoró considerablemente.

Era sin duda, lo que los homeless de Missouri llaman un negocio borracho, lo que provocó que las mujeres sólo me quisiesen por mi dinero, pero siéndoles sincero tampoco me importaba demasiado. Sólo una pequeña duda ponía en jaque a mi pequeña cabeza, no terminaba de entender la razón por la que todos los despertadores los adquiría un tal B.W. con lo que poco a poco la curiosidad fue ganando terreno hasta que no tuve más remedio que hacerle una llamada, llamada a la que mi interlocutor respondió que el jueves 19 estaría en el bar de La Maricarmen donde como posteriormente me reconoció hacen los mejores bocadillos de calamares.

Allí me presenté yo con la idea de apuñalar por la espalda a mi curiosidad y por fin dejarla de lado, cuando en la última mesa junto a una máquina tragaperras con un heroinómano haciendo sonidos extraños se encontraba B.W. Con sumo cuidado me enseñó su documentación y pude darme cuenta que debajo de una gorra de los Mets, un pañuelo, un skate lisiado y un piercing en la nariz se encontraba el puto Bruce Willis. Nos terminamos los bocadillos, Bruce le pagó en amenazas y nos fuimos a la casa de la montaña que aún conservo de la etapa de esplendor de la por mi entonces boyante familia. Le ofrecí ducharse pero dijo que eso era de comunistas, se quitó la ropa de delincuente de Baltimore y se puso su traje de John Mcclane, tengo que reconocer que le quedaba de puta madre, pero emigró mi risa cuando me di cuenta de que el muy hijo de puta se creía realmente que era un policía de Nueva York con unas pelotas gigantescas.

Conversamos durante toda la noche y me explicó que había venido a España porque Estados Unidos está lleno de rusos y albanokosobares, gobierna un tipo muy moreno, la vida aquí es barata por ser un país tercermundista y sobre todo porque tenemos frontera con China que era el país que tenía en mente invadir. Me dijo que le tenía mucha rabia a los chinorris y que mataba un vegetariano por cada programa de Humor amarillo. Me comunicó la tragedia de que al embajador norteamericano en China le habían cerrado el Mcdonald de su barrio con lo que se veía obligado a sobrevivir a base de comida local: bambú, setas rojas y orto de rinoceronte, motivo suficiente para que Bruce fuera enviado a poner un poco de orden.

Quería invadir China él sólo y le comenté que tal vez era un poco arriesgado, con lo que nos dispusimos a crear un plan para encontrar gente a la que sumar a la causa. Reclutamos hombres en lugares muy exclusivos: clubs de carretera, recreativos, veladas de boxeo y cabinas de sex-shops, en definitiva representantes todos de la imperfección humana. Una vez seleccionada la gente para la misión destrozamos por orden de Bruce un gimnasio de la tercera edad con la idea de robar los trajes de karateka tan necesarios para pasar desapercibidos en China y le robamos un Renault Megane a un sordo con la excusa de que podía ser terrorista.

No os voy a engañar el viaje a crol hasta Pekín se nos hizo un poco largo, pero para que Bruce no nos volviese a contar la historia de que subió veinte veces seguidas el Kilimanjaro con un compatriota en el hombro y unas hemorroides luchadoras, decidimos no quejarnos. Mis compañeros y yo fallecimos enseguida al ver un buffet chino cojonudo, entrar pensando en arruinarlo y salir con un certero disparo en la sesera, pero el bastardo de Willis destrozó toda la flota aérea enemiga con un tirachinas y varias volteretas innecesarias perdiendo más de cinco litros de sangre. Salvó la vida gracias a una rubia espectacular que por casualidad pasaba por allí y una vez recuperado convirtió la República Popular China en el país menos poblado de la tierra quedando tan sólo el embajador americano, un Mccdonals de tres plantas, una bolera y un hindú enclenque sirviendo hamburguesas. Eso sí, la misión había sido todo un éxito y Mao es actualmente el nombre de un parque de atracciones de San Diego.